No todo el mundo tiene el lujo de poder ver a John Zorn en unas fiestas de pueblo, gracias en parte a la excelente organización del Festival de Jazz de Sa Pobla, los cuales llevan ya 14 años organizando eventos de este estilo. Para quien no lo sepa, John Zorn ,tal vez no sea uno de los pioneros, pero si es una pieza importante dentro de la música avantgarde, sobretodo en el mundo Jazz. Con cientos de discos a su espalda a lo largo de su trayectoria musical, destacan los trabajos con Naked City , Masada y con la colaboración de grandes artistas de gran calibre como Mike Patton, Lou Reed…

Con sus habituales pantalones de camuflaje y su inseparable saxofón, sale John Zorn al escenario acompañado de su Acoustic Masada, compuesto por Dave Douglas a la trompeta, Greg Cohen al contrabajo y Joey Baron en la batería, además del percusionista brasileño Cyro Baptista y del pianista estadounidense Uri Caine. Durante poco más de 2 horas, el sexteto propicio antes un acalorado y asombrado público, una buena dosis de Jazz experimental, donde la inspiración y la experimentación daban paso a la improvisación en vivo, todo ello combinando, y sin que el público a penas se diese cuenta, con las partes propias de las canciones de Masada. Sin duda el punto clave de la locura sónica recae sobre John Zorn, el cual se ve que es un tipo que claramente esta cansando de improvisar de forma habitual, por ello realiza unos estridentes y desafinados sonidos con el saxo, a veces rompiendo el molde, sobretodo cuando improvisa conjuntamente con el trompetista Dave Douglas.

La guinda del pastel la puso el carismático Cyro Baptista, que durante todo el concierto, a veces sin prestar demasiada atención a los otros, se entretuvo con sus juguetitos (constantemente sacaba instrumentos de percusión variopintos, tales como la Cuica, y demás instrumentos bizarros inventados por el mismo), incluso el propio John Zorn daba la impresión de llamarle la atención o indicarle cuando debía tocar o no.

En conclusión, fue un concierto realmente entretenido, donde uno puede gozar de ver auténticos músicos, pero a la vez realizando música de forma inteligente y excéntrica a la vez actuando de una forma alternativa y original a la que estamos acostumbrados a ver. Cabe destacar las partes “delíricas” donde todos iban a su bola (basta decir que el pianista golpeaba las teclas con el codo y el batería hacia rápidos blast beats), un poco controlados por las señas de mano de John Zorn a modo de director de orquesta.